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sábado, 19 de septiembre de 2009

Una SRa. da uN PaSeo

Tarea más que difícil donde lo que prima es dar un grito para despertar del profundo letargo al funcionario de turno o para pedir tus derechos que al parecer se han convertido sus dueños en extranjeros o marginales. Lo intento, cada día, sin conseguirlo, cuando las baldosas del suelo en verano se transforman en el tropezón mañanero y en invierno en el salpicón diario, mientras, sobre mi cara, siento un papel molesto que colgaba de la pared o de cualquier lado, ¡es nuestro aspirante a alcalde!, pienso en voz baja a la vez que siento deslizarme hacia el semáforo de la esquina que aun estando en rojo los coches no dejan de pasar, agacho la cabeza y … ¡era de esperar!, algún chucho de raza que aun teniendo casa con aseo, algo que yo deseo, se lo hace en la calle porque ¡“pa” eso es de todos!, y “él” es uno mas. La expresión de mi cara ha de ser un poema, pienso al sentirme observada por un coche que aguarda paciente ante el semáforo aun en rojo,…¡carai!!, dejo escapar en voz alta, al comprobar que se trataba de un coche de la policía, pero estos ignorantes no saben que ellos si tienen luz verde para correr tras una infracción. En fin, suspiro profundamente pensando: hay que pensar en positivo y no empezar la mañana con malos rollos, todo esto mientras, ya en la otra acera, trato de esquivar a un señor que con un cigarrillo en la boca y una cantinela ininteligible, al parecer trazó una línea recta y su radar humano no funcionó, ¡si!, ese que todos, al parecer casi todos, disponemos de fabrica para no tropezar cuando algo o alguien se interpone en nuestro camino y esquivarlo. Pero ahí no queda la cosa al esquivarlo metí mi pie derecho en uno de esos hoyos donde vive felizmente uno de los naranjos o palmeras que bordean las aceras de una ciudad tan comprometida con el medio ambiente como es la nuestra. Y vuelve a ser nuevamente el medio ambiente el que llama a mi pecho de la mano de una gitana y en forma de romero, el sobre salto al no poder esquivarla me lleva a dejar pegado mi bolso en uno de esos contenedores multicolores que aguardan igualmente en los bordes de las aceras. Al fondo diviso a un señor con guitarra, a pecho descubierto, con pantuflas de señora y pantalón corto, con un gracioso contoneo se me va aproximando, ¡¿por donde escapar?!, me pregunto mirando primero a mi derecha donde un edificio en construcción hace mas estrecha la acera, a mi izquierda, aunque quiera ¡¿Cómo cruzar la calle?!, una zanja deja al descubierto una tubería durante un largo recorrido, lo mas curioso de estas interminables obras son el diámetro de las viejas conducciones y el de las nuevas, a simple vista deben variar escasos milímetros, y ni que decir de los trabajadores, aunque muchas veces no sabría distinguir entre si son obreros o jarrones que acaban de sacar de alguna excavación, evidentemente se debe a la posición de sus brazos (siempre en jarra). Cuando creo estar a salvo una leve llovizna me hace mirar al cielo algo despistada pues estamos en pleno mes de agosto y en el bolso no llevo ningún paraguas, ¡claro!, de un balcón el aire acondicionado, de otro riegan las macetas y de otros algún perro de un despistado se hizo pis.
Ahora entiendo porque hay tanto loco suelto por la calle y es que hay que estarlo para atreverse a dar un paseo.

1 comentario:

KAMELUCHA,.,.,.,.,., dijo...

Ufffff
como casi no entro...
pero si que al leerrr galleta
upssss
como que se endulza la boca...
besiñosssss